25 sept 2024

Nubes flotantes (1955) de Mikio Naruse

Una joven acaba de llegar del continente y recorre Tokio buscando a Tomioka. Los dos eran guardias forestales en una colonia en Indochina. Pero ese tiempo, en el que fueron amantes, apenas es mostrado por Mikio Naruse. Tiempo al que ambos protagonistas intentan constantemente regresar. 

En su primer encuentro, Yukiko pide a Tomioka que cumpla su promesa; él dice que no puede dejar a su esposa y es ofensivo. Luego él la busca, pide poder visitarla; ella duerme con él y no acepta. Como en Hiroshima mon amor (1959) de Alain Resnais, los protagonistas avanzan volviendo siempre al punto de partida, que es el amor pero también la guerra, sólo que Naruse es japonés, su país ha sido derrotado, y los protagonistas de Nubes flotantes (1955) son de clase baja, no burgueses.

Entre sus desencuentros, Yukiko sale con hombres por dinero, Tomioka intenta encontrar de nuevo la pasión en otras mujeres. Mas no se puede volver el tiempo atrás. No es lo mismo un romance en una colonia paradisiaca y con un empleo, que estar viviendo en habitaciones de mala muerte en una ciudad bombardeada. 

La esposa de Tomioka muere en la pobreza, un marido celoso mata a su nueva amante. Yukiko colabora y convive con un estafador. Tomioka entonces, sin ya nada que perder, consigue otro empleo de guardabosques, esta vez en una isla en la que no sale el sol. Ella pide acompañarlo y él acepta. Pero la posguerra ha calado hondo en la salud de Yukiko, que muere al poco tiempo de llegar a la isla. Y él, que la trata mal la última vez que la ve con vida, va corriendo bajo la lluvia a través del bosque al enterarse. Acerca una lampara a su rostro, pinta sus labios y recuerda la sonrisa y el vestido blanco de aquella primera mañana en Indochina y llora desconsoladamente. 

Hay quien ve en Nubes flotantes el dilema moral japonés de posguerra: las consecuencias de una aventura predestinada a la derrota y dos formas de hacerles frente, contenidas en Yukiko y  Tomioka. No obstante, y esta es la grandeza de Naruse, uno también siente escena a escena fragmentos de su propia vida, experiencias que exceden ampliamente el contexto japonés: entre otras cosas, destinos destrozados por la pobreza; hombres testarudos, maltratadores y egoístas; mujeres que persiguen sus sueños, a quienes ningún hombre quiere ayudar desinteresadamente; y ese elemento huidizo que, ya sea para bien o para mal, a veces se cruza en nuestras vidas y las cambia drástica y azarosamente, es decir, el amor. El ciclo sobre Naruse de la Sala Lugones abrió hoy con esta excelente obra. 

3/9/2024

Bryam Herrera Jurado

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