Ben Haas devuelve corregido el manuscrito a Yeshua Krohal, explicándole hasta altas horas de la noche la diferencia entre la esencia y la apariencia de la esencia, y se despide sin volver a citarlo en el café. Yeshua Krohal regresa a casa rebosando de alegría; no le importa haber sido rechazado como discípulo, porque no ha comprendido ese rechazo; tampoco se pregunta cuándo volverá a ver al gran maestro, porque no era su intención buscar sabiduría. Él sólo quiere ver impresas sus iniciales en letra de molde.
En la Enciclopedia de los muertos (1983), Danilo Kiš describe como Yeshua Krohal, una vez publicado, destruye el manuscrito y niega la influencia de Ben Haas en su exitosa doctrina.
Poco sabemos sobre qué ocurre luego con Ben Hass, salvo que muere dejando inconclusa La historia del discípulo y del Maestro. La cual “no contiene ninguna moraleja, ya que está sin acabar. Excepto, tal vez, (…) que es peligroso asomarse al vacío de otro, con el único deseo de ver en él, como en el fondo de un pozo, su propio reflejo; porque eso también es vanidad”.
Sin embargo, antes, mucho antes, leemos que es de noche y Ben Hass corrige lentamente el manuscrito, “cuyo contenido, vano y vado, le recuerda su propio error”. Porque sabe que la lectura de su propia doctrina impulsó a Yeshua Krohal, no sólo a acudir a él, sino también a escribir; y que esas desiguales y excesivas páginas que corrige a la luz de la vela no son otra cosa que la prosecución de su propio error, del “vano deseo de justificar lo absurdo de la existencia, o por lo menos la intuición de este absurdo”, con un libro.
30/05/2020
Bryam Herrera Jurado

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