“El viernes 15 de abril de 1938” en
París, así inicia El hombre más triste (2021), en el momento exacto
de la muerte de César Vallejo. Libro que antes que un retrato del poeta, es una
crónica sobre sus principales biógrafos y sus disputas. Aporte ciertamente
novedoso a un campo de estudio prácticamente agotado. Entendámonos, si Vallejo
murió de fiebre tifoidea o paludismo, si nombró antes de morir a Juan Larrea o
a la república española, ¿Qué cambia en la forma en que leemos la obra del
poeta? Verdaderamente nada.
En cambio, cada versión, cada matiz, cada mentira, sí dice bastante del biógrafo que intenta reescribir la vida de Vallejo sumándose a ella. Argumento que Daniel Titinger no emplea para arremeter contra el resto de los vallejianos, de quienes incluso añade tipologías clasificatorias (vallejistas pioneros, vallejólogos, vallejófilos, vallejólatras, vallejógogos, vallejoclastas, vallejocidas, vallejócratas, vallejistas bisiestos); por el contrario, de él desprende que las disputas en torno a Vallejo fueron fundamentales para enaltecer su figura.
Por ejemplo, Titinger describe la forma en que autores varones como Juan Larrea violaron la propiedad que tenía Georgette Marie Travers de Vallejo sobre la obra de su difunto esposo, justificándose para ello con calumnias machistas contra ella o intentándola invisibilizar; lo cual es considerado positivo porque permitió que se multiplicaran los libros de y sobre Vallejo. Punto polémico, ya que termina avalando en parte dichas prácticas, situando la obra y al autor difunto por encima de las personas vivas. Lo cual es problemático. Pero que dado el estilo de policial negro que asume el libro resulta entendible. Porque sobre este tipo de disputas Titinger vuelve una y otra vez, desde distintas perspectivas, apelando al clásico recurso de dicho género de ir desgranando en los distintos capítulos posibles respuestas, sólo para terminar el libro insinuando que acaso todos sus informantes, hasta los más cercanos, hayan mentido o brindado verdades sólo a medias.
En este sentido, la labor de Titinger tiene algo de la de Los detectives salvajes de Roberto Bolaño. Búsqueda en la que importa más la aventura que aquello que se encuentra, búsqueda que mientras más energías consume más ganas da de vivir o inventar algo insólito para justificar el tiempo depositado en ella. Sin embargo, el autor, que ciertamente debe haber escrito y borrado detalles apócrifos sobre la vida de Vallejo, logra al final tomar la suficiente distancia como para para poder escapar fuera del juego sin haber sido corrompido del todo (otro recurso del cine noir), pudiendo sólo entonces advertir la locura de un submundo de inescrupulosos personajes: prestigiosos académicos que consiguen ilícitamente manuscritos de la obra de Vallejo, miembros de Sendero Luminoso que en la actualidad hacen lecturas poéticas grupales frente a la tumba del autor, laureados escritores que invitados a dar conferencias sobre Vallejo disertan con lujo de detalles sobre cuánta plata este les debía, peregrinos que una vez al año viajan a la casa en que nació el poeta a tomar el mismo café que él cuando era niño, escritores que abandonan por largas temporadas a sus familias para dormir en los mugrosos hoteles en los que vivió Vallejo. Porque no es tanto el dinero en última instancia el origen de las disputas, sino el buscar tomar parte de algo grande, inmenso, universal. Fenómeno que, a pesar de tener sobre todo escritores involucrados, se ha independizado del hecho literario y ha cobrado una forma propia.
Vallejiano bisiesto, aventurero
ocasional, fino prosista, Daniel Titinger nos inicia en un submundo literario
cuyo vértigo hasta hoy era para muchos inadvertido, sólo para cautamente
rescatarnos al final. Porque además de ilícitos y calumnias, las muertes inesperadas
también ayudan a marcar el ritmo de los capítulos del libro.
09/11/2022
Bryam Herrera Jurado

No hay comentarios.:
Publicar un comentario